Ser una Beauty Hunter en India, es como ser goloso y meterse en una pastelería. Un gozo! Y una borrachera de olores y colores que una tiene que saber cómo filtrar si no quiere acabar con resaca. La India es un país de extremos contrastes en todo. Nos encontramos las esencias más exquisitas junto a los olores más penetrantes, las especias más sofisticadas frente a las carencias de un país aún en desarrollo.

Desde la recogida de las plantas que en el futuro se envasarán en delicados contenedores tallados en cristal: a base de cardamomo, patchouli, vetiver, aloe, y otros que solo se conocen con sus nombres en latin: coleus veteveroides, trichopus zeylanicus…las esencias que tengo que encontrar en estas tierras tienen que aportar a la cosmética ese toque original, único e inolvidable que haga que haya merecido la pena el polvo, la carretera y sobre todo la ilusión de traerme de vuelta conmigo ese ingrediente mágico y especial que haga exclamar un suspiro a quien lo use.

En los campos de flores de Munnar, Kerala, oliendo hojas de henna

En los campos de flores de Munnar, Kerala, oliendo hojas de henna

A veces, sencillamente, hablar con los productores locales es lo que nos lleva a encontrar esa combinación de elementos especiales que hacen de una crema o un esencia, algo tan preciado. O pasear por un mercadillo en Benarés, donde una se encuentra…oh sorpresa…la cueva de Ali babá, pero llena de esos aceites maravillosos que contienen los cosméticos más lujosos.

En un mercado de Benarés, buscando polvo de jazmín